El shoyu (salsa de soja), base del Mentsuyu, es el condimento que mejor representa la cultura japonesa de fermentación natural. Se inocula el moho koji (Aspergillus oryzae) en soja y trigo para elaborar el koji, que se mezcla con agua salada para crear el moromi (諸味), un mosto fermentado que madura durante meses o incluso años. A lo largo de este prolongado proceso, hongos, levaduras y bacterias lácticas descomponen proteínas y almidones generando más de 200 compuestos aromáticos.
A esta base se añade el dashi (出汁), un caldo elaborado con katsuobushi (bonito seco) y kombu (alga), que completa el umami (うまみ) — la esencia fundamental de la cocina japonesa. El ácido glutámico, descubierto por primera vez en el kombu por un químico japonés en 1908, es el responsable de este sabor, reconocido hoy por chefs de todo el mundo como el "quinto sabor".
En comparación con la gastronomía europea, es el mismo principio que el Parmigiano Reggiano italiano, que adquiere su profundo sabor tras 36 meses de maduración, o el vino francés, que desarrolla aromas complejos reposando en barricas de roble. El resultado de confiar en el tiempo y los microorganismos — esa es la esencia del Mentsuyu japonés. Por último, el zumo de yuzu de la región de Shikoku añade una nota cítrica y fragante que corona la profunda riqueza umami.